Martín

 

1de Enero de hace 1,8 millones de años, Martín   llora desconsolado en su cueva la pérdida de su pareja y de sus dos mejores cazadores en la cacería de un mamut acaecida el día anterior. El futuro se presenta tan negro como lo está su cueva. Con la cabeza entre las piernas llora y llora. La cueva está en un estado lamentable, filtraciones de agua por todas partes, excrementos de murciélago tapizan el inconfortable asiento sobre el que descansa.

La lluvia no cesa, llueve desde hace 2 meses, y las llanuras están inundadas e impracticables para la caza. El frío arrecia, Martín y sus dos hijos pequeños se abrigan como pueden de la gélida temperatura que hace en el interior de la cueva.

El miedo, el estrés, la angustia y la ansiedad, así como el correcto funcionamiento de su cerebro reptiliano, le había permitido sobrevivir ante los peligros que se le habían presentado. La competencia por el alimento era feroz, y todos los animales del valle peleaban por lo mismo, alimento.

 No sólo las emociones negativas ayudaron a Martín a sobrevivir

 

Sin embargo, Martín tenía que poner en juego esta vez, otro repertorio de recursos muy diferente  para poder salir de esta situación angustiosa en la que se encontraba su familia.  Está herido, cojea de una pierna, y tiene una herida de muy mala pinta en la otra pierna. Tiene dos opciones, o rendirse ante la evidencia, la cual apunta al pesimismo más crudo y realista, u optar por imaginar, idear y crear estrategias de caza diferentes a las de los grupos rivales, siempre desde la concepción de una perspectiva favorable para él y su familia.

Salir fuera de su cueva a cazar, con el día que hace, con las llanuras inundadas, y con el recuerdo aún vívido del último beso que le dio a su pareja, es desde luego muy duro y una temeridad, pero sería aún mayor quedarse en la cueva para que sus hijos murieran de hambre. La esperanza y el optimismo  hicieron de Martín imaginara un futuro mejor, trazara un plan para cumplirlo, y se pusiera manos a la obra. Martín se supo sobreponer a todas las adversidades que hace cinco millones de años padecían nuestros antepasados y perseveró en su empeño por vencer a su destino fatal. La palabra rendirse no entraba en su vocabulario.

Todos nosotros estamos en deuda con Martín y con tantos otros que nos transmitieron en los genes, virtudes gracias a las cuales existimos hoy. Pensar que sólo las emociones  y pensamientos negativos  sirvieron para hacer sobrevivir la especie, es decir solo ellos tienen valor adaptativo, es un sesgo que muy a menudo se comete en el nombre de la ciencia y que no hace justicia con Martín y desde luego con la ciencia.

 Todos nosotros llevamos en los genes virtudes como la superación y la resiliencia

Martín no sabía hablar, no sabía escribir, pero hoy sabemos que era valiente, optimista, alegre, creativo, se ilusionaba con rapidez, desprendía una energía que contagiaba a todo su grupo el cual funcionaba como un reloj suizo. Era un líder nato, y sabía sacar a la luz las mejores virtudes de su grupo en pos de un beneficio común.

Martín no podía permitirse el lujo de llorar a los suyos, y no lo hizo.

La condensación en una sola palabra de lo que Martín y cientos de congéneres suyos hicieron, se llama Optitud . Palabra que representa la verdadera esencia del optimismo, la actitud. La optitud tiene sentido únicamente desde la acción, la cual configura en nuestro cerebro caminos de superación, esfuerzo y lucha ante la adversidad. Sólo la acción configura estos caminos, la mera observación positiva de las cosas sin acción alguna, no sirve absolutamente para nada.

Las emociones y pensamientos positivos destinados a la acción,  tuvieron un papel determinante en la supervivencia de estos homínidos.  Miles de generaciones después, todos nosotros atesoramos en nuestro bagaje genético estas virtudes que hicieron de nosotros  lo que somos hoy en día. Todos tenemos material inactivo, material heredado durante miles de generaciones. La evolución no es tonta, y si lo hace así, es porque tiene una finalidad, su uso . De lo contrario estos genes se habrían perdido en el túnel del tiempo.

De nosotros y de nuestro entorno depende la activación o desactivación de dicha batería de recursos genéticos.

La historia de Martín, la iré contando en otros post.

 

Homo Sapiens

 

artín, Iosu, y todos vosotros, podremos “salir a cazar”, no Mamuts, sino nuestro mejor futuro posible, sin darnos por vencidos y sabiendo que todos podemos hacer mucho más de lo que hacemos utilizando el legado que nuestros antepasados dejaron para que lo utilizásemos.

Hablo en nombre de Martín, y os da las gracias. Hacedlo por él, hacedlo por vosotros.

Un abrazo y gracias por estar ahí!

 

 

¿ Cómo obtengo el libro Optitud ?

 

Compartir:Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+